En primer lugar hay que acabar con ciertos mitos. Trataré de ser claro:
1.- La mayor presión humana que jamás han recibido los Pirineos fue durante los siglos XVIII y XIX con una super población importante tanto de personas como de ganadería. Ello tuvo como consecuencia una explotación al límite de los recursos naturales, por ejemplo de los bosques. Sólo hay que ver cualquier fotografía de principios del siglo XX de cualquier pueblo pirenaico para observar a simple vista el deteriorado estado de la masa forestal de sus alrededores. Hacía siglos que los bosques pirenaicos no gozaban de la salud que tienen en la actualidad.
2.- Una de las principales características del espacio pirenaico es haber sido desde tiempos prehistóricos un entorno de montaña ampliamente humanizado. Innumerables yacimientos arqueológicos dan fe de ello. No podemos concebir los Pirineos excluyendo de ellos la actividad humana. Desde siempre, y en cualquier espacio natural, la humanidad se ha adaptado a los recursos que le ofrecía el entorno para establecerse y sobrevivir. El que los Pirineos estén de moda y a nuestros ojos sean más bellos, no significa que objetivamente tengan más valor que la ribera del Ebro o el desierto de los Monegros. Tratar de hacer de ellos un espacio "natural" en el que la actividad humana esté vetada para acallar nuestra conciencia neo-ecológica de humanos urbanitas del siglo XXI (entre los que me incluyo) es, cuando menos, hipócrita.
3.- A partir de la década de los 60 se viene produciendo a mi entender un auténtico cambio de civilización en las sociedades occidentales. Sólo hay que ver que desde la prehistoria hasta los años 40-50 del siglo XX la humanidad se ha desplazado por caminos y en caballerías o, como mucho, en carros. No es hasta el siglo XIX cuando con la construcción de los primeros caminos para carros o carreteras llega los carros a los Pirineos. Ese cambio de civilización, que se agudiza a partir de los años 90, está siendo de tal magnitud que aún nos encontramos en un proceso de adaptación. Y en todas las zonas rurales, sobre todo en las de montaña, ese proceso está siendo crítico. Baste decir, a modo de ejemplo, que los padres y abuelos de quienes ahora han matado a la última osa pirenaica y que son considerados asesinos despiadados, fueron en su día auténticos héroes, como queda reflejado en las páginas de los diarios de la época disponibles en las hemerotecas. La desaparición de las economías tradicionales (agricultura de montaña, ganadería, comercio) lleva implícita una crisis de las tradiciones, usos y costumbres provocando la venta de propiedades que es a su vez caldo de cultivo para especuladores y listillos, quienes aprovechando el vacío legal existente y la ingente demanda de espacios "auténticos" y naturales para el descanso de las sociedades urbanas, hacen su agosto llenando los pueblos de ladrillo y cemento.
4.- Esa muerte de las formas de vida tradicionales obliga a los habitantes pirenaicos a buscar nuevos modos de supervivencia, empezando por vender a precio de oro lo que en su día fueron fincas rústicas que apenas tenían valor económico. Y el montañés, por qué no decirlo, se vende. Es cierto que hoy por hoy el turismo es el único modo de vida conocido que se puede asegurar que es eficaz y con futuro, lo cual por supuesto no quiere decir que sea el único posible. El verdadero drama de los Pirineos es su despoblación humana. No es necesario recordar que en el Pirineo y Prepirineo de Aragón se halla la mayor cantidad de pueblos abandonados de Europa. Y que muchas comarcas de otras zonas de los Pirineos están sufriendo en la actualidad un proceso de envejecimiento y despoblación que comienza a ser dramático y preocupante, como por ejemplo en el Valle de Aspe, en Francia. Es un hecho constatable y una realidad objetiva y comprobable que los únicos pueblos y comarcas de los Pirineos donde la población aumenta y las escuelas crecen (aunque sea a ritmo lento) son aquellos que cuentan con infraestructuras y actividades suficientes para desarrollar un turismo más o menos continuado a lo largo de todo el año. Nos guste o no, eso es una realidad. Sirva a modo de ejemplo el caso de Canfranc donde en los últimos años el número de alumnos en la escuela pública ha aumentado casi en un 50%.
5.- El modelo de desarrollo urbanístico por el que se ha apostado en la vertiente sur de los Pirineos me parece demencial pero imparable. Ninguna política meramente local puede hacer nada por frenarlo o evitarlo. Ninguna política local en estos pequeños municipios puede hacer nada por fijar población ni por reducir el precio del suelo. Ni siquiera la construcción de viviendas de protección oficial garantiza la consolidación de la población y mucho menos su crecimiento. Pueden existir políticas locales que ralenticen el crecimiento descontrolado de urbanizaciones sin sentido o que suavicen el impacto de un crecimiento desmedido, pero no lo evitan. La mejora de las infraestructuras consiguen acercar los Pirineos a las grandes urbes proporcionando un mercado de turistas de enorme potencial. Pero también acercan a los habitantes pirenaicos a zonas con más oportunidades de trabajo, con más vida, mejor clima, etc. A la hora de criar a unos hijos el 80% de las familias siempre preferirán vivir en Jaca o en Oloron que en Canfranc o en Urdos, por mucho que haya viviendas de protección oficial en alguna de las dos localidades pirenaicas.
6.- A pesar de las barbaridades urbanísticas, de la especulación, del ladrillo y el cemento, de la carestía de la vida, de la destrucción del paisaje y la arquitectura popular, a pesar del feísmo consolidado, de la pérdida de identidad, costumbres y tradiciones, podemos afirmar que en Canfranc hay vida, que en Benasque hay vida, que en Sallent hay vida, que en Panticosa hay vida, que en Biescas hay vida, que en Villanúa hay vida. Y no me refiero a turistas o veraneantes. No. Hay escuela, hay niños, hay jóvenes, hay actividades, hay movimiento, hay alegría. Ojo, insisto, me parece demencial, incluso deleznable, el modelo seguido, pero la realidad es rotunda. Los hechos son concluyentes. Prefiero un valle pirenaico con escuelas abiertas, hoteles y bares, pequeñas empresas, comercios y tiendas, feo pero vivo... que un valle bucólico y hermoso plagado de pueblos abandonados. Hace falta que venga gente en invierno y en verano, mucha gente. Hace falta la gente para que los que estamos no nos veamos en la obligación de largarnos. Y a partir de ahí, desde ese punto y viviendo aquí, seguir intentando mejorar en todos los sentidos, racionalizar el desarrollo, tratar de frenar la especulación y el sinsentido urbanístico y "desarrollista" con acciones claras y compromisos activos, sabiendo que nuestro mayor valor de futuro son nuestras gentes y nuestro entorno, intentando rectificar errores y volviendo a hacer de este espacio pirenaico un lugar único, equilibrado, adaptado a los nuevos tiempos, racional, hermoso, habitable, natural y humano (que es lo mismo).
7.- La primera preocupación es, como digo, que quien está no se vea en la obligación de marcharse. Dado que hoy por hoy el único sector que puede conseguir eso es el turismo, lo esencial es que venga mucha gente. En segundo lugar hay que conseguir que vengan más a quedarse. Eso es más peliagudo. Para ello son necesarias políticas autonómicas y estatales de gran entidad. Es necesaria una apuesta clara, sin fisuras, sin medias tintas, por el desarrollo rural en sentido amplio. Y yerran quienes consideran que ese desarrollo debe basarse en las urbanizaciones, autopistas de montaña y macroestaciones de deportes de invierno. Pongamos como ejemplo una vez más Canfranc. A mi modo de ver el único modo que sería efectivo para hacer que la gente de Canfranc no se fuera a vivir a Jaca y que cada vez se instalara más gente a vivir allí sería que Canfranc recuperara lo que verdaderamente fue su origen y lo que la mantuvo viva y activa hasta principios del siglo XX: los privilegios fiscales, es decir, la exención de impuestos. Exenciones importantes para personas físicas y empresas. Exenciones del IRPF, del IVA, exenciones en el IBI y en el impuesto de matriculación, por ejemplo. Que los coches dejaran de ser artículo de lujo. Es decir, Canfranc de nuevo como Campo Franco, como lugar libre de impuestos. Pero como digo, para ello son necesarias políticas a gran escala que apuesten por futuros de ese estilo. Sólo así, de modo que en el bolsillo del ciudadano se notase verdaderamente y mereciera la pena vivir en Canfranc, podría consolidarse de verdad una población estable, importante, que permitiese a su vez la creación o aparición de nuevos sectores de producción económica que diversificaran la actividad, la generación de riqueza y la posibilidad de nuevos empleos.
He dicho. ;-)