31 de marzo de 2007

Un buen vino


Llevamos un par de semanas de nieve, agua y frío. El invierno que parecía no querer aparecer se nos ha presentado al final de una temporada demencial. Hace demasiados días que no salgo a caminar, que no voy al monte. Dicen que a partir del próximo miércoles el buen tiempo nos hará una visita. Por el momento el nivel de reservas para esas fechas es muy bueno, y un ligero respiro no vendrá nada mal.

Transcurren los días serenos regalándome una rutina que para nada me pesa. Ocupo mi tiempo en diversos menesteres además del trabajo y siempre hay quien tiene a bien venir a verme un ratito. Andrés el de Cella se presentó ayer mismo con un sabroso dulce de cabello de ángel del que dimos buena cuenta acompañándolo de café con leche mientras departíamos amigablemente sobre lo divino y humano. Internet, la prensa, algún buen libro, esas llamadas telefónicas tan vitales, la música... siempre hay algo interesante que hacer para ocupar los tiempos en que debo estar aquí sin haber demasiado trabajo. Voy avanzando en mis asuntos laborales y ya tengo cocinero para poder reabrir el restaurante de cara al verano. Poco a poco todo va avanzando a un ritmo lento pero firme y todo indica que a partir de julio se comenzará a normalizar el funcionamiento de todo lo relacionado con el hotel.

Sigo con el mismo vértigo y la misma euforia ocasionales que me invadieron hace meses, en cuanto a mis opciones y posibilidades futuras se refiere. No cierro la puerta a nada por extraño que pueda parecer. Y es eso precisamente, la percepción de tantas probabilidades al alcance de mi mano, lo que me hace sostener elevado el ánimo y enteras las ganas.

Los pequeños pellizcos que ocasionalmente me rasgan el alma los encaro con una entereza que me sorprende a mí mismo. Relativizo con serena decisión cualquier pequeño contratiempo y asumo la realidad de todo lo que me rodea de un modo consciente y sin aspavientos. La vida se desarrolla a su propio ritmo y suceden muchas cosas que sin duda tienen que suceder sin afectar de un modo irremediable al transcurrir plácido de mis jornadas. Las cosas son como son, y ya está. Y nada hay tan duro ni tan terrible como para permitir que vuelva a amargarse mi humor.

Agradezco cada minuto en compañía de alguien, cada palabra dedicada, cada sonrisa regalada, cada visita, cada llamada, cada línea escrita. Agradezco cada muestra de afecto, cada presencia inesperada, cada risa compartida, cada abrazo, cada beso y cada apretón de manos.

La vida se vive mejor regada por un vaso de buen vino.

Lars G. es el autor de la fotografía

23 de marzo de 2007

En tarros de cristal


Sigue nevando con fuerza en el valle de Aspe. Cruzando la frontera la nieve persiste hasta el viejo Canfranc. Y a partir de Villanúa, sol... Subiendo desde Jaca el cambio meteorológico es nítido y evidente: desde la peña Caída y la peña de las Llenas, es otro mundo. A veces los elementos se empeñan en demostrarnos dónde está la verdadera frontera natural entre Aragón y el Bearne ;-)

Este frío en plena primavera ha venido a tocarnos un poco más las narices. La nevada de diciembre se nos presenta ahora justo cuando lo que más falta hace es que luzca el sol y haga buen tiempo. Pero no van a congelarse mis ánimos, no van a enfriarse mis ganas y mi buen humor. He vuelto a encender el fuego y he conservado en tarros de cristal templado las flores que llevan brotando desde enero en mi piel, en mi rostro y en mi mirada.

Se empeña el destino en ponernos zancadillas. Pero lo que no sabe es que la experiencia enseña, y ya hemos aprendido a volar al menos a un palmo del suelo.

La foto la firma Stjepan Mikulic

17 de marzo de 2007

Un puñadito de tierra


Aunque todo parezca negro, aunque se vacíe por completo el contenido del recipiente que albergaba las ilusiones, aunque uno crea estar en lo más hondo del más oscuro de los pozos, siempre queda una pequeña ranura de luz, un saliente casi imperceptible donde agarrarse, un puñadito de tierra donde volver a enterrar las raíces y renacer. Quizá los problemas no se solucionen con prontitud, quizá el origen de la ansiedad no desaparezca en un instante, pero algo cambia en el interior, en el modo de percibir y encarar la vida, y el "click" necesario para volver a ser persona se activa de algún modo inconsciente por pura necesidad de supervivencia.

Hace ya casi un año que comenzó mi particular travesía por la desesperanza. Algunas decisiones de cierto calado y, sobre todo, la presencia de gente a mi lado a quienes siempre agradeceré sus desvelos para conmigo, me han hecho recuperar de un modo indudable las ganas de tirar hacia adelante. Estoy bien. Ninguna de las angustias y problemas que me ahogaron durante meses ha desaparecido por completo, pero algo ha cambiado. Y siento que ya nunca nada será como antes. A veces me da la impresión de que he roto con muchas cosas que siempre formaron parte de mí por una inercia inconsciente y nunca del todo por voluntad propia claramente decidida. Otras, intuyo que esta percepción no es más que una tontería engañosa e irreal. No lo sé. Lo cierto es que he cambiado, sin duda. Necesito mucho tiempo para mí y para terminar de sacar adelante este hotel que tiene que ser la garantía, la base y el fundamento de todo el resto de mis intereses, actos, actividades y proyectos.

He tenido que renunciar a ciertas cosas para poder centrarme en la dirección de mis propios pasos y por temor a no ser capaz de sobrellevarlas con la seguridad, eficacia y compromiso que requerían. He dañado a personas y he abandonado intereses, aficiones y proyectos que antes parecían ser imprescindibles. Ninguna de esas decisiones conscientes o inconscientes han sido fáciles ni gratuitas. Pero creo que sí necesarias. Tengo momentos de euforia y también de vértigo. Pero los acepto, asumo y enfrento con la mente despejada, claridad de ideas y decisión. Y vuelvo a dormir a pierna suelta.

(Querido Juan: me entero por Víctor de que eres uno más de los que desde hace algún tiempo sigue mis pasos visitando esta bitácora personal. Conociéndote lo poquito que te conozco no tengo la menor duda de que en algún momento mis textos te habrán interesado y mi estado de ánimo te habrá preocupado. Gracias, simplemente. Y un abrazo enorme. Esta semana pasaré sin falta por vuestra oficina para dártelo de verdad.)
Wallace Rollins es quien firma esta imagen

14 de marzo de 2007

L'ecobuage


Por estas fechas cada año los aspeses llevan a cabo una práctica ancestral: l'ecobuage. En lugares de difícil acceso y laderas empinadas prenden fuego a las hierbas que quedan al descubierto tras la retirada de las nieves con el fin de mejorar la calidad de los nuevos pastos. Resulta un espectáculo sorprendente, sobre todo por la noche, ver las hileras de fuego por ambas vertientes del valle. El asunto no está exento de polémica y se habla de su pronta prohibición. El humo que genera tal práctica se extiende a modo de neblina siendo perceptible y notándose sus efectos incluso desde Canfranc. Hay días como hoy que subiendo hacia el Somport, con los rayos del sol filtrados por la capa de humo y el reflejo de la nieve "primavera" como un gigantesco espejo, el paisaje adquiría grados de espectacularidad increíbles.

Con ese panorama me he calzado de nuevo las raquetas y me he lanzado al monte. Verdaderamente ha sido uno de esos días únicos para disfrutar de esa belleza y de esa soledad que la montaña encierra siempre, pero de manera especial en estas ocasiones en que la luz, la temperatura y el propio paisaje parecen querer mostrarnos su mejor cara. Ha sido un chute de optimismo impagable.

La foto es de "l'ecobuage" en el valle de Aspe y la firma François BRES

9 de marzo de 2007

Ruido


Los españoles gritamos. Resulta frustrante tratar de conseguir que un grupo de chavales no griten en el comedor, en la escalera, por los pasillos, en las habitaciones... y comprobar cómo sus padres, sus monitores, sus profesores se dirigen a ellos gritando de igual manera. Los españoles llevamos el ruido en los genes. O en la cultura. Al menos eso es lo que usamos como excusa y explicación para justificar lo ruidosos que nos mostramos de manera cotidiana. Eso y, en el caso de los niños, que son niños y nada se puede hacer. Hablamos alto, demasiado alto. Es incompatible en un restaurante mezclar un grupo de españoles con otro de franceses. O en un hotel. Los españoles nos levantamos por la mañana y ya creemos que todo el hotel se ha levantado. No hay un mínimo de respeto natural y razonable. Incluso la buena gente, las personas cordiales, le gente normal es ruidosa y habla en un tono demasiado elevado. Hablamos entre nosotros sin tener en cuenta que tras las puertas puede haber aún gente descansando. Si hay algo que nunca soporté durante los dieciséis años que trabajé con grupos infantiles es el ruido que producían, fundamentalmente a la hora de comer. Llegó un punto en que no lo soporté más. El silencio es un aspecto que jamás forma parte de los programas formativos ni educativos, porque los propios formadores y educadores son ruidosos también. Por genética. Por cultura. ¿Por propia educación? No es cuestión de estar callados. Se trata simplemente de no hacer ruido.

La imagen es de Keven Ugurlu

5 de marzo de 2007

Con barro


Por una vez seré egoísta. Tomar decisiones de cierta importancia requiere templanza, equilibrio y compromiso. Pero ahora no. No me toca. Tengo las ideas claras y la mente despejada. Sé exactamente lo que hay que hacer, hace mucho ya que lo sé. Pero me necesito. Necesito que pase el tiempo, necesito semanas y meses para mí. Los días de vino y rosas aún andan lejos y me va a costar recuperarlos. Intuyo que queda todavía demasiado camino con barro y no quiero quedarme atrapado ahora justo que he vuelto a caminar. Lo más importante, lo primero que he de hacer, es terminar de encontrarme. Más adelante, ya se verá.

Fernando Penim es autor de la fotografía

1 de marzo de 2007

A su ritmo


En este fin de temporada prematuro (si es que ha habido temporada de esquí este año) parece que se mueve un poco más la afluencia de visitantes. Los últimos fines de semana la ocupación ha sido más elevada en comparación con la primera mitad de febrero, todo enero y diciembre. El buen tiempo y los días más largos al menos animan al personal a salir de casa. Hay reservas para los fines de semana y se comienza a percibir la llegada de la primavera. Hoy había en Urdos temperaturas de junio.

En Canfranc ya huele a elecciones. Todo son conjeturas, comentarios y suposiciones, y comienza a haber todo tipo de rumores. Mañana tenemos visita presidencial a la Estación y el ferrocarril volverá a aparecer en los titulares de todos los medios informativos. Ojalá nieve. También allí las temperaturas eran las propias de Junio.

Canfranc y Urdos viven de espaldas. Antaño lo hicieron de la mano. Circulo hacia Jaca con mi coche matriculado en Francia y si adelanto algún vehículo español se "pica" y al instante me sobrepasa con energía. Soberbia conducta. En el túnel los camiones de maíz se me pegan al culo como queriendo forzarme a aumentar mi velocidad y superar los preceptivos 80 km/h. Yo reduzco... por precaución.

Ha terminado el Foje. Y aquí en el Valle de Aspe aún se preguntan todos si es verdad que se han celebrado en Astún y Candanchú unos Juegos Olímpicos de la Juventud Europea. Nadie se ha enterado. En verano los alcaldes se intercambiarán fruta y queso en un emotivo acto de acercamiento y hermandad entre ambos valles.

La vida transcurre a su ritmo. Pronto llegará el verano. Dicen que este año nevará en agosto. Da lo mismo. Ya no dejo escapar las risas ahora que las he vuelto a encontrar.
Jeanette Hägglund firma la imagen