Un buen vino

Transcurren los días serenos regalándome una rutina que para nada me pesa. Ocupo mi tiempo en diversos menesteres además del trabajo y siempre hay quien tiene a bien venir a verme un ratito. Andrés el de Cella se presentó ayer mismo con un sabroso dulce de cabello de ángel del que dimos buena cuenta acompañándolo de café con leche mientras departíamos amigablemente sobre lo divino y humano. Internet, la prensa, algún buen libro, esas llamadas telefónicas tan vitales, la música... siempre hay algo interesante que hacer para ocupar los tiempos en que debo estar aquí sin haber demasiado trabajo. Voy avanzando en mis asuntos laborales y ya tengo cocinero para poder reabrir el restaurante de cara al verano. Poco a poco todo va avanzando a un ritmo lento pero firme y todo indica que a partir de julio se comenzará a normalizar el funcionamiento de todo lo relacionado con el hotel.
Sigo con el mismo vértigo y la misma euforia ocasionales que me invadieron hace meses, en cuanto a mis opciones y posibilidades futuras se refiere. No cierro la puerta a nada por extraño que pueda parecer. Y es eso precisamente, la percepción de tantas probabilidades al alcance de mi mano, lo que me hace sostener elevado el ánimo y enteras las ganas.
Los pequeños pellizcos que ocasionalmente me rasgan el alma los encaro con una entereza que me sorprende a mí mismo. Relativizo con serena decisión cualquier pequeño contratiempo y asumo la realidad de todo lo que me rodea de un modo consciente y sin aspavientos. La vida se desarrolla a su propio ritmo y suceden muchas cosas que sin duda tienen que suceder sin afectar de un modo irremediable al transcurrir plácido de mis jornadas. Las cosas son como son, y ya está. Y nada hay tan duro ni tan terrible como para permitir que vuelva a amargarse mi humor.
Agradezco cada minuto en compañía de alguien, cada palabra dedicada, cada sonrisa regalada, cada visita, cada llamada, cada línea escrita. Agradezco cada muestra de afecto, cada presencia inesperada, cada risa compartida, cada abrazo, cada beso y cada apretón de manos.
La vida se vive mejor regada por un vaso de buen vino.







