Leo, Cristina e Iván

Juliané (o Don Julián para los "forasteros") siempre dice que los hosteleros nos quejamos demasiado, que siempre estamos llorando. Y probablemente no le falta razón. En todo este año que llevo con el blog pocas veces he contado cosas buenas, divertidas, alegres o positivas de todo lo que a mí me ha aportado hasta el momento esta aventura. Y lo cierto es que han sido muchas. Pero de entre todas, sin duda y como siempre, es la gente que uno conoce lo que más merece la pena. El mundo está lleno de hijos de puta, pero también de gente brillante, interesante, amable, divertida. Personas como Pepe, Ana, Nacho o Carmen, que ya antes que clientes son por supuesto amigos; gente como Lamima, Inde, o el inefable Estalentao y familia a quienes ya voy a hacerles abono de temporada; Chus y Rosa que tienen casa en Borce... O, por supuesto, toda la gente de aquí: Laurence, Thierry, Gregory, M. Pierre, Christelle, Hervé, Marcel... Son sólo una pequeña muestra de las gentes que han pasado por aquí y siguen pasando, o trabajan aquí. A todos ellos los he conocido en el hotel o desde que tengo el hotel. Sí, han sido muchas las alegrías, muchas las cosas para contar.
A los últimos que nos han alegrado la vida los hemos conocido esta semana pasada. Iván y Cristina vinieron a pasar una semana al hotel con su pequeño Leo, un bebé de tres meses. La segunda noche que estaban aquí Leo se puso malo por la noche con 40º de fiebre. Le indiqué a Iván el modo de llegar al médico de urgencias de Canfranc Estación, pero al rato regresaron al hotel con cara de preocupación y susto. El túnel estaba cerrado y se dieron media vuelta. Les dije entonces que podían llegar por el puerto de Somport, pero volvieron a regresar de nuevo pasado un tiempo. Era tal la densidad de la niebla que había en la carretera del puerto que no se atrevieron a continuar y se dieron media vuelta. Cuando salí de mi habitación Iván tenía una cara de desesperación y de angustia que me helaron el alma. Y sin dudarlo me volví a vestir, subí al volante de su furgoneta y les llevé al médico. Regresamos al hotel sobre las 2:30h de la madrugada. Iván y Cristina se deshacían en agradecimientos, la médica de urgencias le recetó a Leo algo para bajarle la fiebre y todo se quedó en el susto y los nervios. Como agradecimiento me sorprendieron al día siguiente con una cesta de regalo en la que había buen cava, mejor vino, excelente whisky, chorizo y salchichón de Guijuelo, quesos de oveja y de cabra... en fin. Me sentí abrumado.... pero ahí están, el pequeño Leo, Cristina e Iván, de esa gente sencilla y amable que da gusto que vengan a tu casa.
A los últimos que nos han alegrado la vida los hemos conocido esta semana pasada. Iván y Cristina vinieron a pasar una semana al hotel con su pequeño Leo, un bebé de tres meses. La segunda noche que estaban aquí Leo se puso malo por la noche con 40º de fiebre. Le indiqué a Iván el modo de llegar al médico de urgencias de Canfranc Estación, pero al rato regresaron al hotel con cara de preocupación y susto. El túnel estaba cerrado y se dieron media vuelta. Les dije entonces que podían llegar por el puerto de Somport, pero volvieron a regresar de nuevo pasado un tiempo. Era tal la densidad de la niebla que había en la carretera del puerto que no se atrevieron a continuar y se dieron media vuelta. Cuando salí de mi habitación Iván tenía una cara de desesperación y de angustia que me helaron el alma. Y sin dudarlo me volví a vestir, subí al volante de su furgoneta y les llevé al médico. Regresamos al hotel sobre las 2:30h de la madrugada. Iván y Cristina se deshacían en agradecimientos, la médica de urgencias le recetó a Leo algo para bajarle la fiebre y todo se quedó en el susto y los nervios. Como agradecimiento me sorprendieron al día siguiente con una cesta de regalo en la que había buen cava, mejor vino, excelente whisky, chorizo y salchichón de Guijuelo, quesos de oveja y de cabra... en fin. Me sentí abrumado.... pero ahí están, el pequeño Leo, Cristina e Iván, de esa gente sencilla y amable que da gusto que vengan a tu casa.


3 comentarios:
Una vez, después de un pequeño "marrón" por el monte, una gente con su furgoneta nos acercó a nuestro coche. Para ello se desviaron de su camino varios kilómetros.
Al darles las gracias, e intentar compensarles el rato perdido nos dijeron "¿acaso no hubierais hecho lo mismo?". Es una frase que se me quedó muy grabada, por eso siempre procuro hacer "lo mismo". Ya veo que tú también.
PS: nosotros siempre llevamos apiretal y termómetro, por si acaso.
No lo he comentado, Leo simpatiquísimo, Iván y Cristina muy majos, aunque cruzamos pocas palabras con ellos.
Si hubiera más gente capaz de algo tan complicado pero importante como ponerse en el lugar del otro, el mundo sería mucho mejor.
Gracias a quienes lo hacéis, lo hicisteis o lo haréis.
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